El mito de la barriga cervecera

El consumo de cerveza se ha asociado popularmente con la denominada «barriga cervecera». Es sin duda, un sambenito malintencionado que las investigaciones serias, que no disponen de la misma difusión que las leyendas urbanas, desmienten categóricamente.

La realidad es que la aportación calórica de la cerveza (que es lo que se supone que haría aumentar la circunferencia de la cintura) es bastante baja. Una caña de 200 ml de cerveza «convencional» tiene tan solo 90 kcal. En el caso de la cerveza sin alcohol esta cantidad se reduce a una media de 34 kcal. Podemos comparar este dato con el de otras bebidas:

Vista esta tabla, se confirma que, en cuanto a las calorías, la cerveza «convencional» no engorda más que un mismo volumen de zumo de fruta [sin ningún añadido de azúcar]. Llevo dos decenios (o más) explicándolo a quién lo quiere escuchar en mis cursos. Pero la fama sigue más vívida que nunca.

El problema de la cerveza, en esta cuestión, es que lleva lúpulo. Y este es altamente aperitivo. Esto quiere decir que da hambre y ansia de comer. Es por ello que, en la medicina popular, a los niños inapetentes se les daba en infusiones.

Lo que engorda NO es la cerveza sino todos los aperitivitos y las tapitas que ingerimos para amenitzar la fiesta[1]. Es por ello que la ingesta de cerveza puede ser un poco responsable, dado que es la que abre la caja de Pandora del hambre… El consumo de cerveza no es el origen de la obesidad, sino que lo son una alimentación desequilibrada, la carencia de ejercicio i, en algunos casos, la carga genética de la persona consumidora. Pero no abusemos de esta última causa para disimular las dos primeras.

Varios estudios ponen en entredicho que haya relación entre el consumo moderado de cerveza y la aparición de obesidad abdominal. Por ejemplo, otra investigación[2] que compara consumidores moderados de cerveza con no bebedores, concluye que las personas que ingieren cerveza presentan un índice de masa corporal significativamente menor que los no bebedores. Este grupo de persones no muestra diferencias en el perímetro de la cintura en cuanto a medida de la obesidad visceral. Este estudio concluye que el consumo moderado de cerveza, no se acompaña de un aumento de peso (de hecho, el peso era menor en los consumidores moderados), ni de aumento en el perímetro abdominal. El mencionado texto se vincula también con un estudio que asegura que el consumo moderado de cerveza no modifica los hábitos de las personas que la consumen[3].

Otra investigación[4] ratifica la afirmación anterior. Demuestra que los consumidores moderados de cerveza presentan una composición corporal más adecuada que los que declaran consumos inferiores o superiores. Esto pone de manifiesto que el consumo moderado de bebidas fermentadas como la cerveza, puede formar parte de una dieta saludable principalmente por el motivo de que su contenido calórico es relativamente bajo.

Resumimos

1. La cerveza contiene relativamente pocas calorías.

2. Una cerveza convencional no engorda más que una cantidad equivalente de zumo (sin azúcar).

3. Las personas que presentan un consumo moderado de cerveza tienen un IMC significativamente inferior a los que no consumen.

Conclusiones

Conclusión 1: como decíamos al principio, el mito de la barriga cervecera no es más que una patraña malintencionada y un chisme maligno de lavanderas difamadoras.

Conclusión 2: El consumo que es descriu es siempre MODERADO. No se vale beber un montón de cerveza para adelgazarse. Eso conduciría exactamente al efecto inverso.

Nota

El consumo moderado se ha convenido a definir de la forma siguiente:

«El consumo moderado de alcohol [hasta 20 g/día (2 unidades) para hombres y 10 g/día (1 unidad) para mujeres] es aceptable para aquellos que beben bebidas alcohólicas, siempre que los niveles de triglicéridos no sean elevados»

Fuentes

Centro de Información Cerveza y Salud. Dossier de prensa.